Convertirse en socio es el anhelo de la gran mayoría de los jóvenes abogados que aterrizan en los grandes despachos. Deben destacar, esperar al menos diez años y pasar una dura evaluación para lograrlo.

A principios del siglo XX, Paul Cravath cambió la forma de concebir la abogacía tradicional para dar paso al modelo de la abogacía de los negocios. Según dicho arquetipo, introducido en España por Antonio Garrigues, cada abogado que entra en un despacho puede aspirar en un determinado número de años a formar parte de la sociatura o partnership.

Desde entonces, ser socio en los bufetes de la abogacía de los negocios siempre ha sido sinónimo de prestigio profesional y social. Los abogados, primero los anglosajones, lucían una enorme sonrisa en sus rostros cuando entregaban en mano una pulcra tarjeta que llevaba impreso la palabra mágica: partner. El puesto llevaba implícito unos abultados beneficios anuales.

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